Joan Buades (Alba Sud)
El estallido de Orizonia pone en evidencia las conexiones entre cómo se
ha atizado la burbuja turística en el sector de los viajes y la burbuja
financiera mundial que está en la base de la crisis actual. De cara a la galería, 2012 cerró en un ambiente de euforia en los estados mayores turísticos. Basta recordar cómo la servil Organización Mundial del Turismo
(OMT), en teoría una agencia de Naciones Unidas pero que parece el
departamento de marketing de la industria, acaba de lanzar una campaña
triunfalista como nunca: “Mil millones de turistas, mil millones de oportunidades”. No en vano, este colosal número de viajes internacionales duplica el de 1990.
De hecho, el WWTC, el lobby internacional privado del
turismo y los viajes, se esfuerza por resaltar que está saliendo
rápidamente de la crisis. En las Américas, por ejemplo, resultaría que el turismo estaría hasta liderando la reconversión...Pero la realidad es tozuda, y de cuando en cuando se asoma
dramáticamente en ejemplos inesperados. En el 2010 tuvimos el aviso de
la bien sonada caída de Viajes Marsans, que dejó desnudo a Gerardo Díaz Ferran, el expresidente de la patronal española con sus prácticas de rapiña financiera en la línea de la rancia picaresca hispánica de siempre.